Pretemporada de fútbol: por qué muchas están obsoletas y cómo hacerla bien

Hace años hablé con un jugador que me dijo algo que no se me ha olvidado nunca. Me dijo: «Prefiero jugar tres partidos seguidos antes que volver a hacer otra pretemporada.» Y probablemente muchos futbolistas que están leyendo esto han pensado exactamente lo mismo alguna vez. Porque para muchísima gente la pretemporada de fútbol sigue siendo sinónimo de sufrimiento: carreras eternas, series absurdas, fatiga constante y entrenamientos que parecen más una prueba militar que una preparación para competir.

Pero aquí viene la pregunta importante. ¿Todo eso realmente mejora al futbolista? ¿O simplemente lo destroza antes de que empiece la temporada?

Hoy vamos a hablar de por qué muchas pretemporadas están completamente desactualizadas, qué errores seguimos viendo incluso en equipos profesionales y cómo sería realmente una pretemporada inteligente: con control de carga, trabajo específico y preparación real para competir. Y ojo, porque algunas de las cosas que vamos a decir van a molestar a más de un entrenador.

El gran error: confundir cansancio con adaptación

Durante muchos años la pretemporada de fútbol se entendió casi como un castigo. Cuanto más sufrías, mejor parecía que estabas entrenando. Todavía hay entrenadores que piensan que si el jugador acaba tirado en el suelo, la sesión ha sido buena. Por eso seguimos viendo carreras interminables, dobles sesiones sin sentido, volumen exagerado y entrenamientos completamente desconectados del juego real.

El problema es este: acabar muerto no significa haber mejorado. A veces sí, pero no siempre. Y probablemente este es el mayor error de muchas pretemporadas: confundir cansancio con adaptación. El objetivo no es cansar al jugador. El objetivo es prepararlo para competir mejor. Y eso cambia por completo la manera de entender el entrenamiento.

El fútbol actual no se entrena corriendo en círculos

El futbolista de hoy acelera más, frena más, sprinta más veces y cambia constantemente de dirección. Juega a intensidades mucho más altas, incluso en categorías amateur. Entonces, ¿por qué seguimos preparando a muchos futbolistas como si fueran corredores de fondo?

Todavía vemos sesiones enteras de carrera continua cuando el fútbol prácticamente no funciona así. Y ojo, eso no significa que correr esté mal ni que el trabajo aeróbico no sirva. Está muy de moda hablar del entrenamiento en zona 2, y sí, puede ser útil: genera una base aeróbica, ayuda a la recuperación y mejora la eficiencia energética. Pero el fútbol no es una maratón. El fútbol es intermitencia, cambios de ritmo, aceleraciones, frenadas, esfuerzos máximos repetitivos y toma de decisiones constantes. Convertir toda una pretemporada en kilómetros suaves probablemente no tenga demasiada transferencia al juego real.

Si quieres ver cómo trabajar la resistencia de una forma mucho más aplicada al fútbol, en el blog tienes un artículo con un ejercicio de potencia aeróbica con balón que integra físico y contexto real de juego en una misma tarea.

Entrenar a todos igual: otro error clásico

No necesita lo mismo un juvenil que un profesional. No necesita lo mismo un jugador que viene lesionado que uno que ha seguido entrenando todo el verano. Y no necesita lo mismo un lateral que hace 40 sprints por partido que un central. Sin embargo, muchas pretemporadas siguen tratando al grupo como si todos fueran iguales.

Aquí es donde entra en juego la monitorización. Ya no vale con decir «yo creo que están bien». Hoy podemos medir muchas cosas: frecuencia cardíaca, carga interna, carga externa, aceleraciones, deceleraciones, metros recorridos y percepción subjetiva del esfuerzo. Y muchas de esas herramientas están al alcance de cualquier entrenador, no solo de los clubes profesionales.

Una misma tarea puede generar respuestas totalmente distintas según el jugador. Hay futbolistas que toleran muy bien ciertas cargas y otros que se disparan cardiovascularmente mucho antes. La frecuencia cardíaca, por ejemplo, nos da información muy valiosa: nos ayuda a entender cómo recupera el jugador, cómo tolera el esfuerzo y cuándo estamos acumulando demasiada fatiga. Porque el problema no es entrenar duro. El problema es entrenar duro sin control, lo que acaba provocando lesiones y sobrecargas innecesarias.

La fuerza: la gran olvidada de muchas pretemporadas

Durante años la preparación física en el fútbol se centró casi exclusivamente en correr. Pero el futbolista moderno necesita mucho más que eso. Necesita frenar bien, desacelerar, tolerar impactos, cambiar de dirección, producir fuerza rápidamente y soportar esfuerzos de alta intensidad una y otra vez. Y eso no se consigue haciendo kilómetros.

Por eso hoy la fuerza es una de las herramientas más importantes para rendir y para prevenir lesiones. Y aquí aparece un concepto clave que muchos entrenadores pasan por alto: las asimetrías. Muchas veces el jugador aparentemente está bien, pero cuando empiezas a medir saltos, producción de fuerza o la diferencia de fuerza entre las dos piernas, empiezan a aparecer los problemas. Detectarlos en pretemporada es fundamental, porque muchas lesiones aparecen precisamente cuando aumentamos la carga sobre estructuras que todavía no están preparadas.

Cada vez más equipos trabajan tests de salto, dinamometría y perfiles individuales de rendimiento. No se trata solo de entrenar más. Se trata de entrenar mejor. Si quieres profundizar en este aspecto, en el blog tienes un artículo completo sobre cómo entrenar la velocidad en fútbol de forma analítica, donde también se aborda la relación entre fuerza, pliometría y prevención de lesiones.

Cómo es realmente una buena pretemporada de fútbol

Una pretemporada inteligente se apoya en cinco pilares claros. El primero es la individualización: cada jugador tiene un punto de partida diferente y necesita una progresión adaptada a su situación. El segundo es el trabajo específico contextualizado al juego: las tareas deben tener transferencia real al fútbol, no al atletismo ni al ciclismo. El tercero es el desarrollo de fuerza real y simétrica: trabajar los desequilibrios musculares antes de que se conviertan en lesiones. El cuarto es el control y progresión de la carga: aumentar el estímulo de forma gradual y medida. Y el quinto es la adaptación progresiva, porque el cuerpo necesita tiempo y no tiene ningún sentido querer estar al 100% el tercer día.

En términos prácticos, una buena pretemporada podría organizarse así:

La primera semana debería centrarse en adaptación: movilidad, tolerancia a la carga, fuerza muy básica y recuperación de sensaciones. Es el momento de tomar el pulso al grupo, no de destrozarlo.

La segunda semana ya permite aumentar un poco la intensidad: cambios de dirección suaves, esfuerzos repetidos de baja-media intensidad y algo más de especificidad por puesto.

La tercera semana debería parecerse mucho más a la competición real: situaciones de juego con intensidad, transiciones, presiones coordinadas y toma de decisiones bajo fatiga.

Y la cuarta semana debería buscar frescura, velocidad y afinar sensaciones, no seguir acumulando fatiga. El jugador tiene que llegar al primer partido preparado para competir, no exhausto.

Para ver cómo integrar el trabajo físico y el técnico-táctico en una misma sesión de pretemporada, este ejercicio de resistencia aeróbica contextualizado es un buen punto de partida. Y si además quieres trabajar la prevención de lesiones desde el primer día, el Curso de Prevención de Lesiones de La Pizarra de Toque te dará las herramientas para hacerlo con criterio.

El fútbol moderno necesita entrenadores que entiendan mejor, no que hagan sufrir más

La pretemporada de fútbol no debería servir para destruir jugadores. Debería servir para construir futbolistas más preparados, más fuertes, más resistentes y más inteligentes. El fútbol moderno no necesita entrenadores que hagan sufrir más. Necesita entrenadores que entiendan mejor el juego, la carga, la adaptación y al propio futbolista.

Y eso, como casi todo en el entrenamiento, se aprende. Si quieres dar un salto de calidad en tu forma de planificar y diseñar sesiones, en La Pizarra de Toque encontrarás más de 30 horas de contenido práctico sobre metodología, preparación física y planificación de temporada. Porque la diferencia entre una pretemporada que construye y una que destroza está, casi siempre, en la formación del entrenador.

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